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jueves, 10 de octubre de 2013

LA COLUMNA DE TONI LASTRA : NADIE DEBERÍA ODIAR A NADIE

La columna de Toni Lastra (Cap. XXXIV)

"Nadie debería odiar a nadie"  

En las primeras secuencias de la película Running, el protagonista Michael Andrópolis, corredor de maratón, en plena preparación matinal, acude a encontrarse como todos los días, con su pequeña hija que en bicicleta va camino del colegio. Y se establece más o menos el siguiente dialogo:
- Papá, he sacado un notable en matemáticas.
- Eso está muy bien -le contesta Michael.
- Pues mamá dice que debo de sacar sobresaliente.
Michael que acaba de recibir una carta del abogado de su mujer solicitando la separación le dice:
- Mamá tiene razón; ella sabe que tú puedes conseguirlo.
- Pues hay una niña que ha sacado sobresaliente en todas las asignaturas, pero todos la odian.
- Nadie debería odiar a nadie, sentencia Michael.
La inminente llegada al colegio pone fin al diálogo.

Excelente el consejo de Michael a su hija, no solamente para que guarde una conducta ética, tanto más como ayuda para la conservación de una apropiada salud mental. Personalmente creo que esta acertada máxima, debería figurar enmarcada en todos los lugares, hogares, escuelas, edificios públicos… Cuando comencé a correr me di cuenta de que tenía que renunciar a muchas pautas y vicios de mi vida anterior. Eliminé de por vida tabaco, me moderé en la mesa, adopte nuevas dietas y corría casi todos los días y aprendí a respetar el esfuerzo ajeno; pronto me di cuenta que debía desterrar de mi alma odios secretos y quebrantos con nadie, pues me restaban la energía que yo necesitaba  para correr más y mejor.
Parodiando la canción de Julio Iglesias: “Amigos tuve en la vida que me quisieron, pero también tuve otros que también me hirieron”. Yo jamás albergue en mi alma un sentimiento tan fuerte como el del odio hacia nadie, ni el de la envidia, pero estaban en una clave oculta pasiva en mi cerebro y que no me alentaban a venganza alguna. Pensaba que ni merecían ocupar mi atención sobre ello, a pesar de que mi padre me solía decir: “Tonín, el que no te l'ha fet, te la farà”.
Los profesionales de cualquier deporte reconocen que la primera ley para ellos es la victoria y sus entrenadores juran por ella. Un famoso entrenador de fútbol americano Vicent Lombardi decía: “Vencer no es que sea importante, es lo único importante”. Bajo ese axioma no es de extrañar la dureza y saña con la se emplean algunos. No hay más que acercarse y ver cómo se han desvirtuado las iniciales premisas de que el deporte era un juego que fomentaba la salud y la diversión. Pero nosotros no somos profesionales; está bien ser competitivo, pero todos conocemos y debemos preservarnos de  no cruzar la línea que transgrede lo legal de lo prohibido. He tenido compañeros de club que jamás compitieron, teniendo marcas que les hubieran llevado a puestos preferentes y otros que se marchan cabizbajos y reclaman trofeos injustamente sólo por haber perdido o sólo por haber sido vencidos por el que menos deseaban y lo que pudo haber sido una mañana de domingo alegre pasa a ser un calvario, que solo conlleva rencillas y resquemores, que en el peor de los casos sólo lleva a falsificar las fichas con fechas de nacimiento falsas o a recortar los recorridos con las famosas “pirulas”.
Se debería practicar el deporte de una forma distendida y relajada lo cual influiría en un mejor rendimiento. Quizás alguno de ustedes recuerde a un jugador de  de fútbol chileno que jugó en el Levante hace años; se llamaba Carlos Humberto Caszely, no era el prototipo del jugador atlético era más bien gordito, como un budita feliz, pero jamás vi un jugador con mayor calidad en el regate, que dominaba con una maestría rayana en el virtuosismo, siempre sonriente, más interesado en disfrutar con su arte que en la propia consecución del objetivo supremo del gol. Decía él que esos jugadores crispados y nerviosos por imponerse a base de fuerza, se perdían la satisfacción de sentirse un artista. Él se consideraba el gerente, el ingeniero del equipo. Marchó poco tiempo después al Real CD Español.
Harían muy bien los padres en transmitir a sus hijos deportistas que jugaran de una forma legal, sin unirse a ese coro vociferante que les dan gritos a los niños con arengas que inciten a la violencia o al desacato con los jueces del partido.
Perdónenme que me haya metido en jardines ajenos, pero ahora que veo los partidos de fútbol de categoría de alevines en los que juega mi nieto, observo el mimetismo que transmite a los niños el ver tantos partidos en la televisión, lo cual les hace copiar toda la gestualidad de los profesionales; eso está muy bien. Pero es labor de padres y entrenadores aconsejarles qué deben copiar y qué no.
 Toni Lastra

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