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martes, 5 de noviembre de 2013

LA COLUMNA DE TONI LASTRA (CAP. XXVIII): LA PAREJA QUE CORRE UNIDA, PERMANECE UNIDA ¿O NÓ?

Sería conveniente, e incluso imprescindible, que nos pusiéramos rápida y brevemente de acuerdo, ya que es un tema que se debate desde hace años y la verdad es que no ha tenido una respuesta conforme. Hay opiniones contradictorias según sean las circunstancias personales de las parejas que corren unidas.
Al principio, y llamo principio a los primeros años de la década de los ochenta, los conversos al aerobismo estaban viviendo con la fe de un novicio su romance con las carreras, y aceptando con complacencia cuantos sacrificios y renuncias fueran necesarios en la metamorfosis del ciudadano asténico, en busca de la condición atlética que se requería para llegar a poder competir en las carreras más exigentes. Fuera hombre o mujer, la magia de la carrera los tenía cautivados; su autoestima y confianza  estaban por las nubes y los había convertido en adictos a la carrera diaria, con una pasión por mejorar su nueva condición, que se había convertido en el primer  mandamiento casi religioso de su integración en el aerobismo.
ALGUNOS EJEMPLOS

Este cambio despertó la alarma en las parejas no corredoras, que no podían aceptar sin recelo que ese cambio fuera tan sólo por el correr. Recuerdo que la mujer de un corredor, vino a verme al Club y se me sinceró; estaba nerviosa y preocupada y me preguntó: ¿Toni tú sabes (utilizaré el nombre de Sebastián para respetar su privacidad) si Sebastián tiene algún lío con alguna corredora? No se ve con los amigos de siempre, vive pendiente de las dietas, la carrera se ha transformado en algo peor que una amante. Naturalmente le dije que no, que ese cambio de vida lo habíamos experimentado todos, y no se iba a culpar de todas las infidelidades a la carrera popular. No se marchó muy convencida.
Un corredor distinguido del club, tenía tan postergada a su novia por su extremada pasión por las carreras, que ella le lanzo un ultimátum: El maratón o yo. Él ni lo pensó; “Me quedo con  el maratón”.
LOS EXTRAÑOS CAMINOS DEL AMOR

Y como empezaron a surgir parejas mixtas ya ganadas para el aerobismo, corredora ella y corredor él como una posible solución a estos conflictos, fueron muchos y muchas que, como reclamo, se hicieron corredoras o corredores para facilitar noviazgos con corredores o corredoras confesos de su adición a las carreras. Incluso en algunos matrimonios, el cónyuge no corredor abdicó de pleno a su sedentarismo y pasó a ser un fiel adicto a las carreras. El problema es tan viejo como las carreras; valga como ejemplo este artículo que les transcribo a continuación que envió para su publicación una lectora de Runner´s World en el año 1974.
Si ambos miembros de una pareja son corredores es muy probable que se entiendan entre ellos. ¿Pero qué pasa cuando una esposa no sabe qué hacer con la obsesión de su marido por la carrera? Porque entre los competidores existe una identificación por las mismas cosas. ¿Y qué pasa cuando ella o él no son corredores? Un hombre que ama el correr, tiene que tener una esposa muy especial para que lo entienda, que acepte su actividad, que acaba siendo una competencia para ella. Ninguna mujer puede amar la actividad de su marido corredor, si él la excluye; si la carrera es la amante de él y le dedica más atención a esa amante que a ella. Correr puede ser algo hermoso para él, pero para ella puede ser algo irritante y aburrido y no es mejor cuando llegan las competiciones de los domingos, que les toca ir de esquina a esquina para verlos y luego llevarles a la meta ropa seca junto con las otras “viudas” de corredores, mientras ellos se eternizan en interminables conversaciones sobre las vicisitudes de las carreras, sin prestarles la menor atención. Están tan absortos en sus comentarios, que si a una dama le diera por desnudarse y atravesar la calzada corriendo, ellos seguirían impertérritos su interminable cháchara.
 Toni Lastra

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