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lunes, 23 de julio de 2012

LA COLUMNA DE TONI LASTRA (Cap. 8): ELEGÍA A LA CARRERA DE LOS ÁRBOLES Y CASTILLOS

Elegía a la carrera de los Árboles y Castillos


Quisiera aclarar antes que nada el significado de la palabra elegía, que los entendidos definen como una composición poética del género lírico, que expresa sentimientos de tristeza. Admitida por mi parte esa licencia, perdonen que escriba en prosa para poderles transmitir el supremo sentimiento de tristeza que causa la muerte.
He esperado en vano que el destino fatal nos reservara otro final para la carrera de los árboles y castillos que la desaparición, pero, como dicen los orientales, lo que tiene que suceder, sucede fatalmente. O como cantara Carlos Gardel en su universal tango Adiós muchachos: “Adiós muchachos, / ya me voy y me resigno, / contra el destino nadie la talla”.

Cómo se puede llegar a querer a los árboles

En el año 2005 andaba con el alma traspuesta, en una de esas depresiones, que te llevan a transitar por la noche oscura del alma, sin encontrar esa luz que te redima y te devuelva a tu mundo, con ansias nuevas. No voy a contarles cómo llegué a aquel estado lastimero, pero una vez más los sueños me llevaban a pasajes oníricos inconexos; soñaba en blanco y negro, pero cuando el sueño parecía llevarme a algún lugar que presumía me iba a sacar del atolladero, indefectiblemente aparecía el glauco lumínico de un valle, que casi de inmediato desaparecía. No lo haré mas largo, pero coincidente con aquellos sueños cayó en mis manos, recomendado por mi hijo, un ejemplar de Walden, del escritor, poeta y filósofo norteamericano Henry David Thoreau. El mensaje de Thoreau fue mi salvación, mi evangelio particular y decidí, sin nada mejor que reconfortara mi alma, tirarme al monte en busca de ese verde redentor.
Estábamos al principio del solsticio de verano del año 2005. Dos corredores históricos del comienzo del arerobismo en Valencia, José Luis Lorente y Toni Lastra, con infinidad de carreras a cuestas, han decidido ocupar buena parte de sus vacaciones de verano en visitar, fotografiar y admirar los árboles y arboledas monumentales de la provincia de Valencia. Lastra ha contado a Lorente la obsesión que le persigue en busca de la verde luminiscencia de los valles y esos árboles por los que está cada vez mas cautivado. José Luis, que no tiene el alma soñadora de Lastra, más analítico y pragmático, decide unirse a su camarada errante en la aventura del verde perdido; a fin de cuentas, ambos son corredores y entre entrenamientos y carreras habrán corrido miles de kilómetros juntos.
Al poco tiempo llevan anotados y fotografiados en sus cuadernos de campo algunos asombrosos ejemplares de coníferas: el pino carrasco (Pinus halepiensis) de las Fuentecillas en la comarca de la Plana d’Utiel, el pino rodeno (Pinus Pinaster) de Los dos hermanos en la comarca de Els Serrans, y un impresionante pino negral (Pinus nigra) de La Yesa, conocido como pino del sombrero, en la misma comarca de Els Serrans.
Algo imprevisto vino a cambiar nuestra condición de coleccionistas de prodigios arbóreos, pero iba a tener una trascendencia en nuestras vidas. Igual que una pareja de alpinistas ante la conquista de una cima siempre guarda en secreto quién es el que ha hollado primero la cumbre, nosotros ocultamos de quién salió la idea de transformar la comarca del Camp de Túria en el escenario de la carrera por equipos y relevos de los árboles y castillos. Llegados a este punto es imprescindible recordar que once años atrás, en junio de 1994, tanto Lorente como Lastra participaran en la Carrera de los Castillos al País de Gales, y desde el subconsciente uno le preguntó al otro: ¿y si hiciéramos algo así aquí en el Camp de Túria? Naturalmente aquí no tenemos tantos castillos ni en perfecto estado de revista, pero lo podríamos completar con los árboles monumentales. Aquello no pasó de ser un diálogo de taberna y, más atentos a aquel vinillo aloque que nos sirvió el mesonero, la cosa pareció quedar en el olvido.

Pí de la Bassa

Pero hay cosas, sentimientos y recuerdos nacidos para perdurar. El prior del monasterio de Portaceli nos concedió licencia a un grupo de amigos para visitar el monasterio. Se unieron Manolo Vizuete y Paco Borao (el actual presidente de Correcaminos y de la AIMS). Sobrecogido el espíritu por la vida de paz, silencio, trabajo y oración de la orden cartujana, regresaron de nuevo a su pasión por los árboles y visitado y archivado el Pí de la Bassa, el tótem de la Calderona, deciden aprovechar el tiempo que aún les quedaba para visitar el Pí del Salt, un carrasco precioso, pero mucho más joven que el de La Bassa. Pero ningún componente del grupo, que ya nos la dábamos de expertos, sabía dónde estaba este carrasco solitario. Y fue en Náquera, en la entrada de una urbanización, donde la suerte nos iba a ser propicia. El azar o el destino parecían estar con nosotros y le fuimos a preguntar a una señora joven que salía de un chalet. Aquello fue alentador, era como preguntarle a un marinero donde está el puerto. Aquella señora era y es Montse Simarro, que no solo les lleva a las oficinas del Parque de La Calderona, sino que les lleva personalmente a conocer El Pí del Salt al enterarse del interés de conocer aquel carrasco solitario, como un mascarón emergiendo de un acantilado de riscos de rodeno.
La verdad es que nadie había pensado en que podría ser el fin de etapa de una quimérica carrera, pero sonó allí como una verdad irrefutable. Montse, los demás componentes del Parque y el director Vicente Diago fueron de verdad nuestros mentores y maestros…
Y allí nació La Carrera de los Árboles y Castillos por equipos y relevos al Camp de Túria, a imagen y semejanza de la que corrimos en País de Gales. Durante meses vivimos en la sierra, buscando caminos, sendas y trochas, como expedicionarios en busca de tesoros ocultos… Mucho antes de la llegada del solsticio de verano del año 2006 se nos habían unido más valedores de nuestra idea visionaria: José Plumed, del Jardín Botánico, le puso el rigor académico a los nombres; él y Montse nos enseñaron a amarlos y defenderlos. Cuando descendimos de la sierra, con aire montuno, llevábamos en nuestras manos un proyecto en firme de la primera carrera, y después, el alcalde de L’Eliana, José María Ángel Batalla, se convirtió en el tutor de la carrera y de su mano fuimos a visitar al alcalde de Llíria y a la sazón presidente de la Mancomunidad del Camp de Túria, Manuel Izquierdo Igual. La visión de aquellos dos soñadores que un día comentó la utopía en una taberna, de una carrera como la de Gales, comenzaba su camino.
Hoy, sin otras razones que la falta de rentabilidad y patrocinadores, no busquen en ningún sitio razones conformes de ella: la Carrera de los Árboles y Castillos ha muerto, los soñadores han sido arrinconados en los caminos y nadie parece haber escuchado su voz de ayuda, pero consigo llevarán para siempre su amor por los árboles y por las personas que lograron el milagro de sus convocatorias, que tendrán en nuestros corazones un eterno e inolvidable sentimiento de gratitud.
Toni Lastra 

1 comentario:

  1. Tendremos que hacer algo entre todos para resucitar esta cerrera!!!!!

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