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martes, 21 de enero de 2014

RELACIÓN INTENSIDAD TIEMPO (DR. LUIS GARCIA DEL MORAL)

A mayor duración del entreno, menor intensidad total. Parece obvio, pero ¿por qué? Porque si no, no podríamos aguantarlo. Este sería el factor limitante más fácilmente objetivable, pero hay más y, si cabe, más importantes. Por ese motivo, y otros como la experiencia o el conocimiento de la metodología de trabajo, es raro que un deportista de élite de disciplinas de fondo cometa grandes errores en la elección de la intensidad del entreno, ya que, al realizar grandes volúmenes de entrenamiento, cualquier exceso en el mismo lo pagará de forma inmediata, a los pocos días o semanas. Sin embargo, en deportistas aficionados, es un error que encontramos de forma mucho más habitual de lo que podría parecer, cuesta detectarlo por uno mismo. Como quiera que en estos últimos el volumen total de trabajo es relativamente bajo, las consecuencias de entrenar a intensidades excesivas (entre ellas la descrita de no poder seguir el ritmo), van a tardar más en aparecer, y a veces se van a manifestar de una forma que no nos permite relacionarlo fácilmente con la causa original (p.ej. una rotura fibrilar o una contractura, dolores difusos articulares o no tan difusos, problemas de fatiga o de insomnio, o incluso manifestaciones más preocupantes como extrasístoles, taquicardias o respuestas de tensión arterial inadecuadas). Y ¿cuáles son eso motivos que no nos permiten entrenar más deprisa? En el caso de intensidades proporcionalmente muy altas el factor principal va a ser la excesiva formación de ácido láctico a nivel del musculo, con la aparición de lo que se llama una acidosis metabólica (disminución del pH, especialmente dentro de la célula, con pérdida de líquidos), que va a producir alteraciones celulares, que provocarán a nivel macroscópico (del músculo) un aumento del tono y fatiga, siendo en estas circunstancias más vulnerables a las lesiones. Si la intensidad del entreno es excesivamente alta, pero no tanto, las alteraciones se van a producir de forma más lenta y van a ser también mucho más difíciles de relacionar. El motivo fundamental es la progresiva disminución de los depósitos de carbohidratos(glucosa-glucógeno) ya que vamos permanentemente (demasiado tiempo) a “ritmo carbohidratos”, con lo que se vacían en exceso, y no dándole tiempo al organismo para recuperarlos completamente. Podríamos razonar que se puede convertir en una estrategia para perder peso. Ya que, al provocar el vaciado de los depósitos de carbohidratos (esto también vale para las dietas pobres en carbohidratos), e ir a una “intensidad carbohidratos”, forzamos a nuestro organismo a utilizar las grasas como fuente de energía. ERROR Conforme se incrementa la intensidad del ejercicio se van dejando de utilizar las grasas como fuente de energía y se usan en mayor medida los carbohidratos. Se podría definir como un problema de costes de extracción: necesito más energía y más deprisa y pese a que las grasas ofrecen muchas más calorías por unidad de peso que lo carbohidratos, cuestan más de metabolizar, con lo que se dejan de utilizar. ¿Y si no hay carbohidratos? Pues el problema de base sigue siendo el mismo (“costes de extracción”), por lo que el organismo echa mano del “primo hermano” de los carbohidratos desde el punto de vista metabólico, que son ¡LAS PROTEINAS! Con lo cual, lo que se consigue es “comernos” nuestros propios músculos. Eso sí, se pierde peso, pero no de grasa. 

 Luis García del Moral Betzen
 Especialista en Medicina de la Ed. Física y Deporte


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