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lunes, 8 de noviembre de 2010

LESIONES DEL CORREDOR. CINTILLA ILIOTIBIAL

CINTILLA ILIOTIBIAL


Desde los glúteos a la rodilla, por la parte externa del muslo, transcurre un tracto fibroso llamado «fascia lata» que, con extraordinaria fuerza,tira de la rodilla, enderezándola en la extensión de la pierna, resultando por este motivo muy importante su función en el desarrollo de la zancada al correr. y rodilla, especialmente en atletas musculosos.

Cerca de la rodilla, el «tracto iliotibial» pasa por encima del borde externo del fémur y tiene debajo pequeñas bolsas de fluido para amortiguar el roce sobre dicho hueso. Un cambio en la pauta normal de nuestros movimientos por correr sobre superficie muy dura (asfalto) o muy blanda (terreno embarrado), por correr en fuertes pendientes (carrera de montaña) o sencillamente por aumentar la intensidad de los entrenamientos hace que haya fricción entre la «cintilla o bandeleta iliotibial» y los tejidos adyacentes originando inflamación y dolor muy invalidante para el corredor.
Se puede ver a esta formación fibrosa sobresalir como una banda fuerte y tensa justo por el lado externo del muslo
Un dolor que se presenta súbita o gradualmente cuando intentamos correr o si estamos descansando, cuando hemos andado mucho o hemos estado mucho tiempo de pie, nos hace sospechar esta afección característica de la carrera a pie. Está muy localizado en la parte externa de la rodilla, extendiéndose bajo el borde inferior de la rótula hasta el mismísimo tendón rotuliano, con el que puede imbricarse falseando el diagnóstico. Es un dolor que comienza casi al empezar a correr y a los pocos minutos impide seguir. Su intensidad aumenta con las irregularidades del terreno y corriendo cuesta abajo. Cede con el reposo y vuelve con el ejercicio.

La mayoría de las veces se siente un «clic» característico que acompaña a la sensación de roce doloroso cuando hacemos zancada, al flexionar y extender la rodilla, por roce con la parte prominente del borde del fémur.
Cuando apretamos la zona externa siguiendo el tracto iliotibial encontramos un punto doloroso externo a la rodilla, «entre los tendones, muy al fondo tocando hueso». Puede ocurrir que sólo se sienta cuando la rodilla forma cierto ángulo (cercano a los treinta grados). Así, es bueno comenzar a explorarse partiendo del ángulo recto de rodilla con los dedos índice y medio, friccionando las zonas fibrosas hasta localizar una crepitación dolorosa puntual, para lo que a veces se debe profundizar hasta el propio fémur.

El borde externo del muslo se siente tirante y fatigado, y cuando bajamos escaleras «chasquea» algo en el exterior de la rodilla y la tirantez inicial se convierte en dolor, a veces quemante.

Medidas de autoayuda y prevención
Sustituir la carrera por marcha rápida debe ser el primer intento por hacer un «descanso activo» de la lesión. Es bueno comenzar con cinco minutos caminando y tres minutos de trote para ir probándose, tras estar dos o tres días únicamente andando.

Una protección de esparadrapo de tela tipo «taping» con un grosor máximo de cinco centímetros debe colocarse para realizar los citados ejercicios.

Si optamos por la bicicleta para descansar de la carrera a pie deberemos tener en cuenta que el sillín debe situarse muy alto, lo que nos permitirá tener en todo momento la pierna bien estirada, para evitar flexiones mayores de treinta grados. Si lo que elegimos es la natación recordaremos que el estilo a braza está prohibido por su patada flexora de rodilla.

Los ejercicios de estiramiento específicos para cintilla iliotibial conviene iniciarlos en cuanto notemos excesiva tensión y chasquido en la parte externa del muslo o la rodilla. El más conocido consiste en cruzar la pierna no afectada sobre la dañada, de pie, e inclinarnos con las piernas estiradas y cruzadas. Y como variantes podemos optar por estirar y cruzar la pierna afecta por detrás resbalando el pie hasta notar máxima tensión indolora, apoyando una mano sobre la pared y de lado a ésta; o «el molino» que se realiza cuando cruzamos piernas e intentamos tocar la región posterior de la pierna agachándonos y permaneciendo con las piernas cruzadas y estiradas, o la simple elevación lateral de la pierna hasta un ángulo de treinta o cuarenta grados tensando la fascia y manteniendo en el airCursivae cinco segundos, repitiéndolos de tres a cinco veces.

Después de todas estas actividades conviene hacer una sesión de «crioterapia» con bolsa de hielo sobre la zona dañada, durante al menos treinta minutos.

Tratamiento médico-deportivo
Hay una amplia gama electroterápica para tratar este tipo de afecciones. Desde los clásicos ultrasonidos (en este caso por la cercanía del periostio debe utilizarse un modo de emisión pulsátil, con cabezales de un megaherzio), hasta el láser (infrarrojo de diodos) o la más novedosa electromagnetoterapia por radiofrecuencia (Neuralter) son de gran eficacia para ayudar o auxiliar a la resolución del cuadro, aunque por sí mismos no son determinantes.

Más importantes son las maniobras desfibrosantes como la fricción transversa y profunda tipo Cyriax o las más novedosas técnicas de puntos gatillo desfibrosados según Typaldos, con las que conseguimos romper las posibles adherencias que ya hayan creado las repetidas inflamaciones del tracto iliotibial. La prescripción de ejercicios de flexión y extensión potenciadores de pierna, con extensión o moderada flexión serán la norma, en cuanto la lesión lo permita. Intentaremos que no duela al hacer los ejercicios, aunque se deben iniciar precozmente.

Como remedio antiinflamatorio homeopático resulta de gran utilidad «Árnica Composé» (Boiron) aunque es más específico «Traumeel» (Phinter-Heel) junto a «Rheuma-Heel» (Phinter-Heel).

De usar algún tipo de inyección utilizaremos las más superficiales (intradérmicas o subcutáneas) no «infiltratorias» y con un producto lo más natural posible («Neuralgo-Rheum-Injeel» con procaína al 1%) huyendo de corticoides.

En última instancia, la formación de un importante quiste fibroso o de gran inflamación bajo el tracto iliotibial que no responda a las medidas anteriores hace necesario el desfibrosado quirúrgico.

Prevención médica
Pasa por revisar minuciosamente la biomecánica de carrera. Desde el calzado hasta el desarrollo de la zancada. Se impone una buena exploración de las cadenas musculares y articulares del corredor. Se debe reconsiderar la técnica de carrera. Igualmente se impone un buen estudio de la pisada con huella plantar dinámica y uso de plantillas antipronación o para excesiva supinación si estuviesen indicadas.

Se revisará el terreno por el que corremos, en especial los lados inclinados de carreteras o caminos.

Se evitarán las cuestas durante un tiempo prudencial. Y, por último, se realizará la potenciación muscular antes descrita para que el eje cadera-muslo-pierna discurra convenientemente cuando corramos.

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