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viernes, 13 de abril de 2012

LA COLUMNA DE TONI LASTRA (Cap. I): Autotest para andar por casa

Autotest para andar por casa

Cómo conocer el consumo de oxígeno (VO/2)
           Cuando comencé a correr, hace ya muchos años, debía de ser por el Jurásico, porque en algunas ocasiones, corriendo por La Calderona, me cruzaba con algunos dinosaurios, que me miraban con gesto displicente, lo mismo que nosotros miramos ahora a sus descendientes, lagartos y lagartijas. Era tal mi fervor por el aerobismo, casi fanatismo, diría, que mi vida se regía por tres preceptos de obligado cumplimiento en mi metamorfosis del asténico al atlético: maratón, maratón y maratón. Cualquier otra cuestión quedaba pospuesta por esos mandamientos y por la promesa que me hice a mí mismo de ser el mejor corredor posible a pesar de mis limitaciones y de mi tardía edad. Mis planes de entrenamiento parecían haber sido transmitidos junto a las Tablas de la Ley en el monte Sinaí.

             Mi dedicación y disciplina, y mi vida casi de asceta, asombraban a todos mis conocidos y habría sido, sin duda, una bendición para todos aquellos preceptores, maestros y profesores que tuve en mi juventud. A mi familia la tenía preocupada; los amigos que percibían mi delgadez impropia comentaban que tenía una enfermedad secreta y otros, más perversos, murmuraban que había ingresado en alguna secta satánica. No les culpo en absoluto; me huían porque mis conversaciones eran sobre el mismo tema, pero yo, ajeno a todo, continuaba en mi cruzada.
Mis lecturas cambiaron y me pasé a libros y revistas de correr, algunos de las cuales en inglés, que me traducían amigos comprensivos. Convencido del pensamiento de Nietzsche de que “lo que no me mata me fortifica”, el tiempo acabó dándome la razón y pasé de ser un obeso que se ahogaba con facilidad al subir las escaleras, a bajar de tres horas en maratón con comodidad. Recuperado el seso, volví a considerar la carrera a pie como un ejercicio que, con moderación, es muy saludable, y colgué en el desván del olvido toda la paranoia que viví.
De aquella etapa irrepetible guardo artículos, apuntes y retazos de conversaciones que me ayudarían a ser suficiente en muchas cosas. Hoy traigo aquí, y perdonen tan largo preámbulo, un autotest simplificado para conocer su consumo de oxigeno máximo (VO2), realizado fuera del laboratorio. Considérenlo un divertimento y no excluyente de la visita a un fisiólogo para considerarlo válido. Precisamente el fisiólogo del ejercicio Jack Daniels sugiere el siguiente autotest ideado por Bruno Balke.
Los fisiólogos son hombres de ciencia precisos y, como tales, se muestran escépticos acerca de los autotests realizados fuera de los laboratorios. La mayoría de esos tipos de tests, escribe David Costill, “son inseguros y a menudo engañosos”. Pero el estado físico de un cuerpo es demasiado importante para permanecer aislado en los laboratorios, de modo que se han ideado ciertos tests de campo para dar una idea aproximada. No obstante, es conveniente recordar que ningún programa de tests, sea en laboratorio o realizado por usted mismo, puede predecir con precisión la capacidad para correr. Hay demasiados factores emocionales que acaban actuando como modificadores. Pero dejémonos de especulaciones y vayamos al autotest de Balke. Este es el protocolo:
 1. Correr lo mas rápido posible durante 15 minutos.
            2. Registrar la distancia corrida en metros.
            3. Dividir la distancia total corrida en metros por 15 para hallar la velocidad en metros por minuto.
           4. Calcular el consumo máximo de oxigeno usando esta fórmula: velocidad menos 133 x 0.172 más 33.3.
Los grandes campeones tienen valores de 70 a 80 mililitros por kilo de peso por minuto o más altos. Un nivel de 40, dependiendo de la edad se considera el mínimo de aptitud para la actividad cotidiana. Pongamos por ejemplo el que me hice a mí mismo. Yo tenía 2’59” en 1.000 m. en las pistas de El Saler con dos liebres, Miguel Ángel Zaragoza y Carlos García Alarcó; 35’50” en 10.000 en las Pistas de Cheste. Corrí en 15’ en las pistas de El Saler para el test cubriendo 4.610 metros. Me parece recordar que fue en la primavera de 1984; tendría, si no recuerdo mal, 48 años.
La velocidad fue de 3´15” por Km.
4.610 m/ 15’ = 307 mts/min
307 - 133 = 174
174 X 0.172 =  29,93
29,93 + 33.3 =  63,23
                                               VO 2 = 63,23
Siempre consideré aquel resultado mi pedigrí de corredor y hasta me lo hice grabar en una camiseta. Cuando alguien me preguntaba “¿Qué es eso de VO2 63,23?” les contestaba: “Es una nueva bebida ergogénica”. “¡Ah!”, contestaban fascinados.

Toni Lastra -El sidecar-

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